Hay días que se hacen cuesta arriba. Parece que el trabajo no lleva a ninguna parte. De repente un/a pequeño/a te dice que quiere ser tu amiga/o y te empieza a contar sus vivencias, en ese momento ves que se abre una puerta y que realmente tu ayuda sirve para algo. Estás ayudando a un niño/a a recuperar la tranquilidad y la infancia perdida y eso vale por todo lo demás y mucho más. Esos momentos son la recompensa a todo el esfuerzo realizado.
Desde aquí queremos dar fuerzas a todas esas mujeres y esos niños y niñas que luchan por salir de la violencia de género y quieren desterrar todo tipo de violencia de sus vidas.
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